Yorling Rodriguez

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COACH DE VIDA

A veces, las historias de amor se escriben con tinta color rosa.

La mía, se escribió con una multicolor. Nunca hubo un tono que predominara completamente.

Al inicio, cuando me tocó graduarme como ingeniera en sistemas de computación en una carrera ejercida mayoritariamente por hombres, vi todo con un color muy amarillo optimista, Y es que realmente soy así. Me gusta verle el lado positivo a todo y lucho para lograr mis metas.

Luego de convertirme en madre por primera vez, mi mundo cambio. Los hijos son amores nuevos, profundos y felices que te llenan la vida de un color rojo intenso plagado de maravillosas experiencias.

Quería compartir con mis amigos mi vida como madre y fue cuando las redes sociales y el término “Blog” llegaron a mi vida y todo cambio. Mis ratos libres los dedicaba a investigar cuanto pudiera, porque yo quería escribir uno.

Fue hasta julio 2015 – dos años después- Con el nacimiento de mi segundo hijo, cuando nace “Confesiones de una mamá”, mi primer espacio online. En él, quise compartir mis experiencias como mamá de dos.

Pensé que aquello resultaría, que era fácil pero no; con un bebé de 2 meses y atendiendo a otro, escribiendo para el blog y ocupándome de mi familia, sentía que no podía con tamaña responsabilidad.

Aquello me frustraba porque veía otras cuentas sobre madres emprendedoras y yo no caminaba al ritmo que apuntaba la comunidad. Sentía que algo seguramente estaba haciendo mal. Me estaba comparando.

Me llené de miedos e inseguridades temiendo el fracaso. Llegaron las dudas a mi mente. Especialmente porque vivo en un pueblo pequeño en Nicaragua y en ese entonces, sería considerada la más rara del lugar.

Llegaron los días grises en los que me vi obligada a cerrar mi propio negocio y la empresa donde trabajaba, casi lo hace también, pues tenían un mal momento financiero. Aun así, lo intenté una vez más.

Afortunadamente resurgió de las cenizas y lo tomé como una oportunidad de fortalecer mi marca. Vi todo en azul esperanza. Era la señal correcta para prepararme y abrir camino

Y comencé a reinventarme:

En marzo de 2017, nace la idea de “Mamás en Línea”. Plataforma de carácter educativo que pretendía apoyar a las mamás emprendedoras en el ámbito digital.

Aquello me hizo salir completamente de mi zona cómoda. Tenía mucho que hacer y aprender. Ya instagram se había convertido en un gigante que había que conquistar y la tarea no era tan fácil. Un público más exigente, mucha competencia y más calidad.

Quería dar lo mejor de mí, y para eso, debía trabajar en mí.

Necesitaba superar miedos y emociones. Debía entenderme primero para luego impulsar a las demás. Había que mirar hacia dentro. Allí, nace la pasión por el coaching de vida y logro certificarme formalmente. Obtuve las mejores herramientas para ofrecer a otras mujeres quienes como yo, estábamos caminando las rutas del emprendimiento.

He cometido errores de los que he aprendido mucho, He encontrado personas que se han convertido en mi apoyo, en esa mano amiga y llegar lejos.

Y en marzo de 2018, nuevamente mi mente inquieta indica que debo hacer cambios, y con ello viene la idea de “transformar mi marca”.

Comienzo el proceso; pero  esta vez con los pasos estratégicos y desde el inicio, no por el final. Más alineada con mi propósito y con mayor claridad.

Comencé a redefinir el manual de marca: objetivos, misión y visión, mi cliente ideal, mis valores.  A sentar las bases. Dios me ama tanto que en ese proceso gano una asesoría la que permite tener mayor claridad en lo que debía hacer.

Siempre será muy eficaz que alguien desde fuera, y con una mirada objetiva, te ayude a potenciar tu idea de negocio.

Mi marca da un giro, ahora funciona bajo mi nombre. Venciendo la creencia de que no era bonito (al menos a mí no me gustaba). Y enfocándome solamente en “Productividad personal para emprendedoras digitales”.

Tenemos el lienzo, los pinceles, las pinturas y herramientas, para dar forma y descubrir todo aquello que nos propongamos.

Habrá trazos más débiles y otros más fuertes, pinceladas más rectas y otras más curvas, colores  más cálidos y otros más fríos; pero ahí están para dotar de color a nuestra vida, para hacérnosla sentir y recordarnos que estamos vivos.

Hoy con mi historia te invito: ¡Ármate de valor, coge el pincel, elige los colores y comienza a pintar tu vida!